Las argentinas Marina Menegazzo y Maria José Coni nunca imaginaron que aquel sería el trágico final de sus vidas.

Al contrario, imaginaron una vida llena de libertad, una vida llena de viajes que saciaran esa hambre de conocer el mundo, una vida desinteresada de bienes materiales, una vida llena de experiencias que enriquecieran sus mentes, sus corazones y sus voces. Su motivación fue ir en busca de eso que las llamaba allá afuera y que precisamente ellas mismas podían alcanzar. Ese era un llamado totalmente personal, un llamado que solo ellas podían responder, el deseo innato de explorar el mundo. No era necesario llevarse al perro, llevarse una cuchilla en la mochila, ni a ninguna figura masculina que pudiera defenderlas; sus mentes no visionaban peligro, sino la más pura y real búsqueda de cualquier ser humano que viaja y confía en que todo el universo conspirará a su favor. Pues si hay algo que el viajero nunca pierde es la esperanza de su norte. Los viajes se alimentan de la esperanza.

Esta atroz noticia nos pone tan triste a las viajeras. Nos arranca del pecho una furia con la gente que se atreve a jugar con la vida de esa manera, de una mujer como cualquier otra en su vida, la de sus hermanas, hijas y madres. Todos cargamos energía femenina. No es una cuestión de machismo vs. feminismo o viceversa, sino una cuestión de humanidad. Tanto tiempo nos ha tocado a las mujeres conseguir nuestros derechos para que cuando hagamos uso de ellos se nos tronche la vida en el intento.

Nadie nos pregunta si nos da miedo gestar un bebé en nuestro vientre, si nos da miedo parir; pero viajar solas… viajar solas parece ser algo que supuestamente sí debería darnos miedo. Las mujeres damos la vida, creamos vida en nuestro ser, por esa misma razón tenemos una búsqueda incesable a través de ella.

Conocer nuestro entorno desde nuestros propios ojos es un acto meramente maternal. Nosotras queremos aprender de la mejor, la madre tierra, esa que sensibiliza nuestro espíritu, que nos provee las herramientas para conocer el don de dar, cuidar y el discernimiento de elegir qué es y que no es bueno para la evolución de la vida del ser humano. El miedo es la última opción en nuestro menú. Si fuese por miedo ni siquiera hoy tendríamos el derecho de salir a conocer el mundo. El miedo es el arma que nunca nos ha funcionado.

El respeto por la vida no se mide por la pieza de ropa que llevas puesta, por el tipo de lugar que visites, por la cantidad o el tipo de gente que te acompaña, por el sexo que seas… la vida se respeta y punto. María José, Marina y todas las víctimas de femicidio a través del mundo nos siguen dejando un mensaje cada vez más poderoso, que no se debe confundir con los prejuicios y la influencia del miedo. El miedo no puede detenernos porque es el mismo que nos silencia y nos encierra para que sintamos que no tenemos la capacidad necesaria de conocer el mundo si no tenemos con quien o quien pueda defendernos.

La sociedad constantemente nos recuerda que nosotras las mujeres debemos sentir miedo:

UNA MUJER…

➳  No debería viajar sola.

➳ No debería usar ropa provocativa cuando viaja.

➳ No debería hospedarse en lugares inseguros cuando viaja.

➳ No debería hablar con extraños cuando viaja.

➳ No debería exponerse a que la violen cuando viaja.

 

No podemos hacernos eco de estas palabras, porque precisamente vienen de personas que han basado estas conclusiones en el miedo, en el qué dirán o en el machismo aprendido. Cada mujer puede hacer con su vida lo que quiera porque es suya.
Nuestros padres deben tener el pellejo duro cuando dejan que sus “pollitos” vayan a conocer el mundo, pero ¿qué seres humanos serían si nos cortan las alas que ellos mismos nos regalaron al nacer? La ley de vida nos enseña que es muy poco el tiempo en esta tierra para volar lo necesario. La libertad que nos dan las alas es parte de la identidad propia. Y cuando perdemos la identidad, lo perdemos todo.

 

 

“Viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mira;
por eso algunos deberían tomarlo como medicina.”

~ Mark Twain

 

 

Creemos que si hay algo que una mujer “no debería” hacer, es permitir que el miedo la paralice, dejar de viajar y recorrer el mundo por pánico.

QUE NO SILENCIEN TU RUTA POR LA VIDA, MUJER.

 

Apostemos a que es posible formar relaciones igualitarias entre hombres y mujeres, democráticas y basadas en el respeto mutuo, construyendo así un mundo más seguro y confiable.
Enseñemos a nuestros hijos, sobrinos, alumnos, que cuando una mujer dice “NO”, es no. Hagámosle comprender que somos dueñas únicas y absolutas de nuestro cuerpo, que tenemos completa autonomía para decidir sobre nuestros proyectos y nuestra propia vida.
Demostrémosles que si hay algo que nos caracteriza como mujer, es la valentía; valentía no sólo de levantarnos cuando todo a nuestro alrededor pareciera derrumbarse, sino también para ponernos de pie y seguir caminando.

 

En honor a la memoria de Marina, Majo y demás víctimas, sigamos esparciendo el mensaje.

 

Que descansen en paz, hermosas.

Un abrazo solidario,
Fran & Ani

 

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