Celeste cielo, blanco nieve y celeste lago: los colores de mi patria.

Siempre en los días patrios se me viene a la memoria una postal de la Patagonia, puntualmente la imagen de un lugar donde sentí estar abrazando todo el país desde el punto más austral de América. Esa sensación es que la me dejó la Bahía Ensenada Zaratiegui, ubicada en el Canal Beagle en pleno parque nacional de Tierra del Fuego, la provincia argentina donde muere el continente americano… La última escala antes de la Antártida.

Esta hermosa bahía es el resultado de la acción de los glaciares y en ella se encuentra la unidad postal más austral del planeta, una casita de chapa que parece volar sobre el canal de Beagle sostenida por unos cuantos pilotes de madera. Inaugurada el 12 de diciembre de 1997, actualmente está en funcionamiento y se puede enviar correspondencia a todo el mundo e inclusive sellar el pasaporte, dejando constancia que haber estado en “el Fin del Mundo”.

 

 

Adentro, la estafeta está toda recubierta de estampillas, mapas y sellos que se mezclan con las fotos del Che y de Evita. De las paredes cuelgan artilugios marineros, fotos históricas de expediciones, algunos viejos carteles y maquetas de barcos. Había de todo en aquel lugar, mirara a donde mirara. Costaba poner el foco de atención en un solo objeto porque todo llamaba la atención y me sorprendía… ¡Podría haberme quedado horas ahí adentro!
La oficina es atendida por un peculiar señor que se autoproclama el gobernador de la isla: Carlos de Lorenzo, el cartero del fin del mundo, quien con una sonrisa escondida detrás de unos grandes y canosos bigotes, ofrece a cada visitante el certificado de ciudadano del “Principado del país de la Isla Redonda”, que dice:

“Por cuanto participó de esta hermosa locura, acredita ser ciudadano del principado, sin abdicar de su primera condición. A partir de ahora se compromete a vivir sin derechos ni obligaciones; solamente dispuesto a vivir en libertad haciendo lo que le venga en gana. Sin máquinas salvajes ni globalización que lo condicionen, amando los espacios naturales y los valores humanos.”

 


Hoy, a un año y medio de aquel viaje, regreso mentalmente a este lugar para reconectar con la imponente naturaleza y la sensación de paz y libertad que me dejó; y vuelvo a extender los brazos al cielo para abrazar bien fuerte a mi patria querida.

¡Te quiero así de libre, Argentina!

 

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