Hablada o escrita, cada palabra esconde un poder que es verdadero y se manifiesta. Culturas ancestrales reconocen la fuerza que reside en las palabras, la cual puede transformarse en creadora o destructiva según cómo la usemos.

Esta mañana temprano iba camino al mercado cuando me entregan un folleto en la calle, lo leo y era una promoción de la colección de libros Reflexiones para el alma, que es una recopilación de historias cortitas con contenido espiritual. En el papel venía escrito un cuento que leí, me dejó pensando, y me inspiró a escribir este post. El cuento dice así:

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Al despertar, después de comprobar que el sueño no se había cumplido, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.
~ ¡Qué desgracia mi Señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad. Exclamó el sabio. ~ ¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! Gritó el Sultán enfurecido y a continuación llamó a la guardia y ordenó que le dieran cien latigazos al sabio.
Más tarde ordenó que llamaran a otro sabio y le contó lo que había soñado.
Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
~ ¡Oh, gran Señor! Una gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos tus parientes.
Se iluminó el semblante del Sultán y con una gran sonrisa, ordenó que le dieran cien monedas de oro.
Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:
~ ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.
~ Amigo mío, todo depende de la forma en que transmitimos las cosas.

Ante cualquier situación la verdad debe anteponerse a otras opciones, pero debe expresarse de una manera sabia. La comunicación puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la entregamos será aceptada con agrado.

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Cuando terminé de leer el cuento mi mente hizo un ‘flashback’ al “Pequeño Tibet”. Yo venía de pasar unos días un tanto abrumadores en el sur de Cachemira, una región que está en disputa fronteriza entre India, Pakistán y China, y cuando llegué a Leh el cambio fue rotundo. En la capital del reino de Ladakh en los Himalayas, además de aire puro se respiraba paz. Y a pesar de que el frío calaba los huesos y las comodidades eran inexistentes, de las ciudades que conocí en India, Leh es una de mis dos preferidas.
Dicen que Leh es el segundo hogar del Dalai Lama, porque allí
se retira una vez al año para meditar y traspasar sus enseñanzas a los lamas que cuidan los cientos de monasterios que pueblan esa región.
El relato del folleto me hizo acordar de un proverbio tibetano y a una famosa frase del Dalai Lama. El proverbio dice: “La palabra debe ser vestida como una diosa y elevarse como un pájaro” y la frase del Dalai Lama, que seguramente ya muchas conocen, dice: “Cuando hablas sólo repites lo que tal vez ya sabes, pero cuando escuchas aprendes algo nuevo.”

Esas 2 grandes citas me hicieron pensar en cuán importante es elegir cuándo y cómo usar la palabra, hablar sólo cuando estemos en paz y saber escuchar… aprender a recibir las palabras de otros.

En contraposición, se me vino a la mente la tan nombrada frase “A las palabras se las lleva el viento”; y llegué a la conclusión de que estoy de acuerdo con esa afirmación, pero no en el sentido en que comúnmente se usa para sostener que aquello que decimos pierde valor o se esfuma, sino porque creo que todo lo que formulamos con nuestra voz queda de alguna u otra manera suspendido en el aire, dejando una pequeña impronta de nosotros en el Universo.
Recordé las coloridas banderas de plegarias que decoraban los paisajes del Tíbet para que el viento recite los sutras impresos en ellas, y sonreí al darme cuenta cuánto se había impregnado ese lugar en mí.

 

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Del mismo modo, para la milenaria cultura tolteca la palabra tenía un poder que definían como mágico.
A comienzos del año pasado leí
Los Cuatro Acuerdos, un libro basado en la sabiduría de los antiguos toltecas y que relata la cosmovisión que deberíamos tener para estar en equilibrio personal, emocional, mental y social. El Primer Acuerdo tiene que ver específicamente con la palabra y dice:

SÉ IMPECABLE CON TUS PALABRAS

“Impecable” significa “sin pecado”. Pecado, de acuerdo a la filosofía tolteca, es aquello que va en contra de uno mismo, o lo que hacemos boicoteando nuestra esencia. Ser impecable con la palabra implica usar la energía en dirección a la verdad y al amor a uno mismo. Cuando una persona es impecable, asume la responsabilidad de sus actos, pero sin juzgarse ni culparse. Desde este punto de vista, todo el concepto de pecado deja de ser algo moral o religioso para convertirse en una cuestión de puro sentido común.

Independientemente de la lengua que hables, tu intención se pone de manifiesto a través de las palabras. Lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por medio de las palabras. Son la herramienta más poderosa que tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son como una espada de doble filo: pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras, que crea un infierno en vida. El otro es la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza, amor y el cielo en la tierra. […] Toda la magia que posees se basa en tus palabras. Son pura magia, y si las utilizas mal, se convierten en magia negra.
[…] Imagina cuántas veces lanzamos hechizos a los demás con nuestra palabra. Esta interacción se ha convertido en la peor forma de magia negra, y es lo que llamamos el chismorreo.

Además de herir a otros con la palabra, nos lastimamos constante e inconscientemente a nosotros mismos. Nos rebajamos y rechazamos nuestro propio valor diciendo frases limitadoras, poniéndonos un freno al declarar que no somos capaces de x o cual cosa. ¿Por qué mejor no cambiamos de polo y hacemos exactamente lo opuesto? Usar magia blanca, comenzando por nosotros mismos.
Si adoptamos el Primer Acuerdo y aprendemos a ser impecables con nuestras palabras, cualquier veneno emocional acabará por desaparecer de nuestra mente y, en consecuencia, vamos a dejar de transmitirlo en nuestras relaciones personales.

≫∙ El Mágico y Real Poder de las Palabras. #wordstoliveby ➳ Blog post by @innatelygypsea

Así como los toltecas confiaban en la capacidad de sanarse uno mismo a través de la propia voz, los lamas tibetanos y los hinduistas practican el método de sanación a través de la palabra.

Según el hinduismo, en nuestro cuerpo existen 7 chakras o centros de energía inmensurables, siendo el quinto el Chakra de la Palabra. El Vishuddha o chakra de la garganta rige el sonido único y personal de cada ser humano, además de manejar la comunicación y nuestra habilidad para expresarnos.
Una persona con problemas o bloqueos del Chakra de la Palabra posiblemente manifieste dificultad para expresarse verbalmente y arrepentimiento por no hablar a tiempo, entre otras limitaciones. Además, los bloqueos de chakra también se manifiestan físicamente. La buena noticia es que así como tenemos el poder de bloquearnos y lastimarnos, también tenemos el poder de sanarnos.
¿Cómo purificar el Chakra de la Palabra? Esta semana les voy a contar en otro artículo, ¡así que estén atentas!

De igual manera, en algunas islas de Oceanía como Samoa, Tahití y Nueva Zelanda, así como también en Hawaii existen prácticas sanación a través de la palabra. El Ho’oponopono, por ejemplo, es un arte hawaiano muy antiguo que trabaja sobre la reconciliación y el perdón usando el poder de 4 frases sanadoras:
Lo siento
Perdón
Gracias
Te amo

Según esta filosofía, todo lo que aparece en nuestra vida es un pensamiento, un programa funcionando que se presenta para darnos una oportunidad de soltar, de limpiar, de borrar.
Ho’oponopono significa enmendar, corregir un error. Los hawaianos originales solían practicarlo entre los miembros de la familia de una persona que estaba físicamente enferma, porque creían que los errores de las personas provocan enfermedades.
Actualmente el Ho’oponopono está tomando mucho auge y se usa como una especie de “higiene mental”, con el propósito de pedir que nuestros errores en pensamiento, palabra, acto y acción sean limpiados.

Como creo que el comienzo de cada día es súper importante para determinar cómo será nuestra jornada, aquí les comparto un mantra Ho’oponopono que forma parte de nuestra playlist Hello Sunshine, que te ayudará a comenzar tus mañanas de una manera diferente, llenándote de gratitud y luz.
¿Encuentran una forma más hermosa de comenzar cada día?!

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En resumen, lo que quiero dejar en el corazón de cada una de ustedes es la convicción de que, independientemente de las creencias religiosas que tengamos o de la cultura donde estemos inmersas, si todas nuestras palabras son amorosas, los ecos que escucharemos también lo van a ser.

A modo de despedida, quiero compartirles un ejercicio que suelo hacer cada semana.
Tengo un mazo de cartas llamado Cartas de Ángeles de Luz, que es una serie de consejos puramente espirituales. Cada una incluye un mensaje y luego una frase de afirmación. Yo uso esas cartas como una herramienta para saber qué trabajar y cómo hacerlo. Los domingos, cuando suelo estar tranqui en casa, elijo una carta y la dejo boca arriba sobre la mesita de luz, para que al despertarme me recuerde el área que quiero pulir durante esos días.
Hoy que estamos hablando del poder de la palabra y del efecto que puede tener en nuestra vida, quiero compartirles lo que dice la carta que habla sobre la Comunicación.

Los Ángeles te recuerdan que ser espiritual tiene que ver con ser genuino y honesto. Cuando hablas desde el corazón, los demás sienten la resonancia de la verdad y confían en ti.
Habla en positivo, concéntrate en lo bueno de la vida y te sentirás sano y feliz.
La comunicación es un proceso de dos vías. Escucha con interés y responde con franqueza. Esto mejorará todas las relaciones. Comunícate constantemente con la Fuente a través de la oración, que es preguntar, y la meditación, que es escuchar.
Siempre mantén los canales de comunicación abiertos. Sé un puente hacia los corazones y las mentes de los otros.
Pídele a tu ángel que se introduzca en tu aura y se comunique de una forma superior a través de ti.

Afirmación: “Me comunico con claridad y honestidad”.

 

Oleadas de ♡,
Ani

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